Mesa redonda que es

club de la mesa redonda

The Arming and Departure of the Knights, uno de los tapices del siglo XIX con temática del Santo Grial, obra de Edward Burne-Jones, William Morris y John Henry DearleEl rey Arturo y sus caballeros en un manuscrito italiano del siglo XIV del ciclo de la Vulgata La búsqueda del Santo Grial

Los Caballeros de la Mesa Redonda (en galés: Marchogion y Ford Gron, en córnico: Marghekyon an Moos Krenn, Bretón: Marc’hegien an Daol Grenn) son los caballeros de la hermandad del Rey Arturo en el ciclo literario de la Materia de Bretaña, una rama de la leyenda artúrica derivada del francés, que aparece por primera vez en la literatura a mediados del siglo XII. Los Caballeros son una orden dedicada a asegurar la paz del reino de Arturo tras un primer periodo bélico, encargada en años posteriores de emprender una búsqueda mística del Santo Grial. La Mesa Redonda en la que se reúnen es un símbolo de la igualdad de sus miembros, que van desde la realeza soberana hasta los nobles menores.

Las distintas historias del ciclo presentan un surtido de caballeros procedentes de toda Gran Bretaña y del extranjero, algunos incluso de fuera de Europa. Entre sus filas suelen figurar familiares cercanos y lejanos de Arturo, como Agravain y Gaheris, así como sus enemigos reconciliados y aquellos a los que derrotó en la batalla, como Galehaut y Lot. Varios de los caballeros más notables, como Bedivere, Gawain, Kay e Yvain, se basan en personajes más antiguos asociados a Arturo en la versión galesa del mito. Muchos caballeros aparecen de forma recurrente, como Gawain, Lancelot, Percival y Tristán, y cada uno de ellos aparece como protagonista o héroe epónimo en diversas obras de romance caballeresco. Otros miembros conocidos son el caballero sagrado Galahad, que sustituye a Percival como conseguidor del Grial, y el hijo traidor de Arturo, Mordred.

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La Mesa Redonda era un acontecimiento festivo de la Edad Media en el que se celebraban justas, banquetes y bailes a imitación de la legendaria corte del Rey Arturo. Llamadas así por la famosa Mesa Redonda de Arturo, las fiestas solían consistir en justas con armas blancas y a menudo celebraban bodas o victorias. En algunos casos, los participantes se vestían con los trajes de conocidos caballeros como Lancelot, Tristán y Palamedes.

La primera Mesa Redonda se registró en 1223, cuando el señor cruzado de Beirut celebró una en Chipre para festejar el nombramiento de sus hijos mayores como caballeros. Las mesas redondas fueron populares en varios países europeos durante el resto de la Edad Media y a veces eran muy elaboradas.

Eduardo I organizó una con motivo de su matrimonio y otra en 1284 para celebrar su conquista de Gales, y consta que patrocinó varias en 1304. Un artefacto que ha sobrevivido a esta moda en Inglaterra es la «Mesa Redonda de Winchester» en el Gran Salón del Castillo de Winchester. La madera de esta mesa ha sido fechada por la dendrocronología en 1275, durante el reinado de Eduardo,[1] aunque hasta ahora no se ha demostrado su procedencia real. La actual «Mesa Redonda de Winchester» fue pintada en 1522 por orden del rey Enrique VIII. Los lugares de la mesa están divididos con paneles verdes y blancos alternados con el nombre de los caballeros artúricos escrito en oro. Sin embargo, es el retrato del rey Enrique VIII el que está pintado en el lugar del rey Arturo, y la rosa roja de los Tudor la que adorna el centro de la mesa.

la mesa redonda del rey arturo

La Mesa Redonda (en galés: y Ford Gron; en córnico: an Moos Krenn; en bretón: an Daol Grenn; en latín: Mensa Rotunda) es la famosa mesa del Rey Arturo en la leyenda artúrica, alrededor de la cual se reúnen él y sus caballeros. Como su nombre indica, no tiene cabeza, lo que implica que todos los que se sientan allí tienen el mismo estatus. La mesa fue descrita por primera vez en 1155 por Wace, que se basó en representaciones anteriores del fabuloso séquito de Arturo. El simbolismo de la Mesa Redonda se desarrolló con el tiempo; a finales del siglo XII había llegado a representar a la orden caballeresca asociada a la corte de Arturo, los Caballeros de la Mesa Redonda.

Aunque la Mesa Redonda no se menciona en los primeros relatos, los relatos que hablan de que el rey Arturo tenía una maravillosa corte formada por muchos guerreros destacados son antiguos. Geoffrey de Monmouth, en su Historia Regum Britanniae (compuesta hacia 1136), dice que, tras establecer la paz en toda Gran Bretaña, Arturo «aumentó su séquito personal invitando a hombres muy distinguidos de reinos lejanos a unirse a él»[1] El código de caballería, tan importante en el romance medieval posterior, también figura, ya que Geoffrey dice que Arturo estableció «un código de cortesía tal en su casa que inspiró a los pueblos que vivían lejos a imitarlo»[1].

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La Mesa Redonda (en galés: y Ford Gron; en córnico: an Moos Krenn; en bretón: an Daol Grenn; en latín: Mensa Rotunda) es la famosa mesa del Rey Arturo en la leyenda artúrica, alrededor de la cual se reúnen él y sus caballeros. Como su nombre indica, no tiene cabeza, lo que implica que todos los que se sientan allí tienen el mismo estatus. La mesa fue descrita por primera vez en 1155 por Wace, que se basó en representaciones anteriores del fabuloso séquito de Arturo. El simbolismo de la Mesa Redonda se desarrolló con el tiempo; a finales del siglo XII había llegado a representar a la orden caballeresca asociada a la corte de Arturo, los Caballeros de la Mesa Redonda.

Aunque la Mesa Redonda no se menciona en los primeros relatos, los relatos que hablan de que el rey Arturo tenía una maravillosa corte formada por muchos guerreros destacados son antiguos. Geoffrey de Monmouth, en su Historia Regum Britanniae (compuesta hacia 1136), dice que, tras establecer la paz en toda Gran Bretaña, Arturo «aumentó su séquito personal invitando a hombres muy distinguidos de reinos lejanos a unirse a él»[1] El código de caballería, tan importante en el romance medieval posterior, también figura, ya que Geoffrey dice que Arturo estableció «un código de cortesía tal en su casa que inspiró a los pueblos que vivían lejos a imitarlo»[1].